Colombia tiene 1.102 municipios. Cincuenta y cuatro tienen al menos una librería.

El dato sale del primer estudio que la Cámara Colombiana del Libro hizo sobre el tema: contaron 205 librerías y 444 puntos de venta. Bogotá se queda con el 39% y Medellín con el 18%: entre dos ciudades tienen más de la mitad del país. Putumayo, Caquetá, Amazonas, Vaupés, Guainía y Vichada no tienen ninguna. Chocó, Arauca, San Andrés, Casanare y Sucre tienen una cada uno. Una.

En Refugios esta pregunta nos da vueltas. No solo porque nos indigne el número, sino porque nos deja una duda incómoda: si el 95% del país vive sin librería y sigue funcionando, ¿qué es exactamente lo que se pierde?

Comencemos por lo que no se pierde

Empecemos por lo justo. Que un municipio no tenga librería no quiere decir que no tenga libros.

La Red Nacional de Bibliotecas Públicas articula alrededor de 1.565 bibliotecas y cubre casi el 100% de los municipios del país. Desde 2019 el Programa Nacional de Bibliotecas Rurales Itinerantes llegó a 660 comunidades rurales. En cobertura de préstamo, Colombia hizo la tarea mucho mejor de lo que sugiere el titular de las 54 librerías.

Así que la pregunta cambia de forma. No es “¿hay libros?”. Es “¿de quién son?”.

La biblioteca de la casa

En 2019, Joanna Sikora, M.D.R. Evans y Jonathan Kelley publicaron en Social Science Research un estudio con datos de 31 países. Midieron una sola cosa: cuántos libros había en la casa donde alguien creció, a los 16 años. Después midieron a esa misma persona ya adulta en comprensión lectora, en matemáticas y en resolución de problemas con tecnología. La muestra es de 162.955 adultos entre 25 y 65 años, y de 106.585 para la prueba de tecnología. No es una encuesta de opinión: son pruebas aplicadas, las mismas de la OCDE.

Los que crecieron rodeados de libros salieron mejor en las tres. Y aquí conviene ser concreto, porque las cifras son más fuertes de lo que uno esperaría.

Crecer con diez libros o menos deja la comprensión lectora adulta media desviación estándar por debajo del promedio. Tener unos 80 libros en la casa a los 16 años basta para llegar al promedio. Y de 350 libros en adelante, seguir sumando ya no cambia nada medible. El salto grande está abajo: pasar de 18 a 63 libros mejora la lectura en 0,34 desviaciones estándar, mientras que pasar de 350 a 650 la mejora apenas 0,17. La mitad, con diez veces más libros.

Reconstrucción de la figura 1 de Sikora, Evans y Kelley (2019), con los valores del artículo original. Datos PIAAC 2011-2015.

Las tres habilidades se mueven casi igual. La curva de matemáticas va pegada a la de lectura, y la de tecnología corre por debajo pero con la misma forma. Es el mismo dibujo tres veces: sube en vertical al principio y se aplana después. Sea lo que sea que hacen los libros de la casa, no es solo cosa de leer.

El dato que más nos impresionó es otro. Cuando los autores comparan adultos con la misma edad, el mismo origen familiar y la misma ocupación, alguien que solo terminó noveno grado pero creció con más de 500 libros en la casa queda en comprensión lectora justo donde queda un universitario que creció con diez libros o menos: +0,02 contra 0,00. Empatados. En matemáticas pasa igual, +0,03 contra -0,01. Y en resolución de problemas con tecnología, el de noveno grado con biblioteca en casa incluso queda por encima del universitario sin ella, -0,06 contra -0,14.

Elaboración propia con los valores reportados en la figura 2a de Sikora, Evans y Kelley (2019), Social Science Research 77, pp. 1-15. Datos PIAAC 2011-2015.

Para dimensionarlo: en ese mismo modelo, cada año adicional de educación formal sube la comprensión lectora 0,079 desviaciones estándar. La distancia entre crecer sin libros y crecer con libros, en quien apenas terminó noveno, es de 0,57. Haciendo la cuenta, la biblioteca de la casa vale más o menos lo que valen siete años de colegio. Los autores además calculan que cerca del 40% de ese efecto no se explica por la educación ni por el trabajo que la persona terminó consiguiendo. Queda algo que los libros hacen por su cuenta.

Eso no lo resuelve una biblioteca pública. El préstamo te da acceso al texto durante quince días. El libro propio se queda en la sala, lo ve el hermano menor, alguien lo abre por aburrimiento un domingo, se subraya, se presta y no vuelve. La librería es la infraestructura de la posesión, y la posesión es lo que el estudio está midiendo.

Susan Neuman y Naomi Moland le pusieron nombre a la versión extrema de esto en Urban Education: desiertos de libros. Salieron a recorrer seis barrios de ciudades estadounidenses contando dónde podía un niño comprar un libro infantil. En los barrios de pobreza concentrada casi no existía el punto de venta. Su conclusión fue que esos niños llegan al colegio con una desventaja que el colegio no creó y no alcanza a corregir.

Qué pasa con la lectura

Los números de lectura del país han mejorado, y vale la pena decirlo.

La Encuesta Nacional de Lectura del DANE, en 2017, dio un promedio de 2,7 libros al año por persona. El estudio de hábitos de lectura de la Cámara Colombiana del Libro para 2023 lo subió a 3,75 libros anuales entre mayores de 18 años, y entre los que sí leen pasó de 5,45 a 6,91. Seis años, un libro más de promedio. Es una mejora real y es una mejora lenta.

Del lado escolar, PISA 2022 dejó a Colombia en 409 puntos en lectura. Cerca de la mitad de los estudiantes llegó al nivel 2, el umbral donde alguien puede identificar la idea principal de un texto de extensión moderada y encontrar información con criterios explícitos. La otra mitad no. La brecha con el promedio OCDE bajó de 75 a 67 puntos entre 2018 y 2022, y durante la pandemia el país cayó menos que la OCDE. Colombia mejoró, sí, y la mitad de sus bachilleres sale del colegio sin poder sacar la idea central de un texto de una página.

Ninguno de estos estudios prueba que abrir una librería en Mocoa suba el puntaje PISA del Putumayo. Son correlaciones, medidas con controles serios, pero correlaciones al fin. Nadie ha hecho el experimento.

Entonces qué implica

Una ciudad sin librería sigue teniendo lectores. Los tiene menos, los tiene más solos y los tiene dependiendo de que el Estado no se canse.

Lo que desaparece cuando no hay librería no es el acceso al texto, es todo lo que rodea al texto. Nadie pide un título que no está en catálogo. Nadie recomienda a la clienta que vuelve cada mes. No hay presentación de libro, ni club de lectura los jueves, ni el señor que entra a preguntar por un regalo y sale con algo que no pensaba comprar. Se pierde el lugar donde un libro se vuelve conversación en vez de tarea.

Y se pierde la biblioteca de la casa, que según los datos es la que más pesa.

Nos repiten un argumento que no nos convence: que ya no importa, que todo está en internet y en PDF. Puede ser. Pero el estudio de Sikora midió también la habilidad para resolver problemas con tecnología, y los que crecieron con libros físicos alrededor también ganaron ahí, más de 0,4 desviaciones estándar. Lo que el libro en la casa produce parece ser otra cosa, un hábito, una idea de uno mismo como alguien que lee.

Por eso nos importa la librería como oficio y no solo como negocio. Un municipio con librería es un municipio donde alguien decidió que valía la pena tener quinientos títulos guardados a la espera de que llegue la persona correcta. Es una apuesta cara, mal pagada y sin garantías. En Colombia, cincuenta y cuatro municipios de mil ciento dos tienen a alguien haciéndola.

En Refugios somos parte de esa cuenta.

Fuentes

· Cámara Colombiana del Libro, Panorama de las librerías en Colombia (2025).

· DANE, Boletín técnico Encuesta Nacional de Lectura (ENLEC) 2017.

· Cámara Colombiana del Libro, Hábitos de lectura, asistencia a bibliotecas y compra de libros en Colombia 2023.

· Sikora, J., Evans, M.D.R. y Kelley, J. (2019). Scholarly culture: How books in adolescence enhance adult literacy, numeracy and technology skills in 31 societies. Social Science Research, 77, 1-15.

· Neuman, S. B. y Moland, N. (2019). Book Deserts: The Consequences of Income Segregation on Children’s Access to Print. Urban Education, 54(1).

· OCDE, PISA 2022. Resultados de Colombia publicados por el ICFES y el Ministerio de Educación. · Red Nacional de Bibliotecas Públicas, Biblioteca Nacional de Co

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